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Abriendo brecha

Se llama María Inés Beltrán y está cambiando la historia de las mujeres en México. Además, lo está haciendo desde uno de los ámbitos donde ellas han tenido un papel fundamental, pero poco reconocido: la agricultura.

Por: Fernando MoralesDivulgación-CIMMYT
7 de septiembre de 2020

Navolato, Sin.- María Inés Beltrán González es una productora agrícola de Navolato, Sinaloa. Su tenacidad y disposición para aprender e innovar está generando cambios sociales graduales y fundamentales en su entorno. Sus compañeros productores la presentan con orgullo como “la compañera que ella misma siembra sus tierras”. Ha llegado a cultivar hasta 120 hectáreas y actualmente, por cultivar de forma sustentable, participa en el proyecto Apoyo al Abastecimiento Responsable en México ―impulsado por la Compañía Kellogg y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT)―.

El camino no ha sido fácil para María Inés, pero ―como ella dice― “lo principal es sentirse contento con lo que uno hace, sentirse satisfecho, si uno tiene algún problema con eso nunca va a salir adelante. Yo me dedico al campo desde 1992, provengo de una familia de muy escasos recursos. Cuando salí de la primaria nos fuimos a trabajar al campo porque no había para estudiar y como era mujer pues mi papá no quiso que estudiara, pero a los 18 años empecé la secundaria por medio de la educación abierta, después hice una carrera comercial y para cuando salí ya tenía un trabajo; después hice la preparatoria y luego ingresé a la universidad, aunque tuve que dejar la carrera debido al trabajo”.

Sobre cómo llego a trabajar el campo María Inés comenta: “empecé rentando un pedazo de tierra y así comencé a sembrar, después me ofrecieron una parcela y la compré con todos mis ahorros, luego ya me compré un tractor y otros equipos y ya en el año 2000 me dediqué de lleno a esto, renté más parcelas y empecé a aprender y aprender. Yo he ido a cursos, he estado en conferencias de científicos que promueven la Agricultura Sustentable y he aprendido muchas cosas. También he investigado y he tratado siempre de dejarle la materia orgánica a mis tierras”.

Por su amplia experiencia, con frecuencia es convocada a compartir sus conocimientos en asambleas o simplemente se acercan a ella para pedir algún consejo. No obstante, esto no siempre fue así: “la gente se reía de mí, me tiraba de a loca. Decían que en lugar de comprarme una tierra debería comprarme un carro, que debería pensar en otras cosas. Si hubiera elegido el carro ahorita no tendría nada, en cambio la parcela me dio para comprarme el carro. Ahorita tengo 15 hectáreas de riego y 10 de temporal y he cultivado muchas más siempre trabajando duro porque la tierra no espera”.

“Si no hay quién lo haga uno lo tiene que hacer, yo soy de las que se sube al tractor. Algunas productoras con las que he coincidido en congresos me han dicho que les gustaría aprender, pero a muchas a lo mejor les da vergüenza, y uno necesita quitarse todo eso. A mí en lo personal no me afectan los comentarios, quizá al principio sí, porque me decían «pareces loca, ¿por qué te subes el tractor, no quieres pagar?» y un día sí me puse triste, pero me puse a pensar «qué me mortifica si el tractor es mío, la tierra es mía, la semilla es mía, entonces por qué los tengo que estar escuchando». Y así me fui quitando ese tipo de traumas”.

Aunque ha inspirado a muchas mujeres a trabajar el campo, uno de los mayores logros de María Inés ha sido motivar a las mujeres de su familia: “en un principio mis sobrinas decían que no estaba bien, pero ahora dicen que se sienten orgullosas. Las personas siempre me han dicho que el campo es una actividad muy pesada, muy dura para una mujer, pero tiene sus satisfactores y, además, las mujeres tenemos que participar si queremos que este país salga adelante”, comenta.

Las acciones de María Inés no solo están ayudando a transformar conciencias, sino también el medioambiente y las relaciones entre los productores y la agroindustria: “el proyecto con Kellogg está muy bien, nutrimos el suelo con materia orgánica, bajamos el consumo de fertilizantes nitrogenados, manejamos plagas en los tiempos correctos tratando de no utilizar venenos para producir los alimentos. Además, ahora que el combustible, los fertilizantes y todo está muy caro, entonces es buena opción lo que está haciendo Kellogg porque ya desde que se siembra se tiene asegurada la comercialización, uno ya sabe dónde va a entregar y sabe que le están dando un seguimiento y eso ya es una ventaja”, comenta.

Finalmente, María Inés Beltrán exhorta a todos los sectores a poner mayor énfasis en el campo: “la situación económica del país se complica y el campo, que es la base fundamental de la economía y de la alimentación de nuestro país necesita atención. Se necesita que todos los sectores vean en el campo un aliado para sacar adelante la alimentación del país y la seguridad alimentaria. Si un año no se produce, no vamos a tener reservas, no vamos a tener nada”.

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