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Alianzas favorecen la agricultura en el semidesierto de Guanajuato

Con suelos degradados y precipitaciones escasas, la agricultura en las zonas más áridas de Guanajuato requiere acciones particulares para recuperar la fertilidad de los suelos y cosechar agua. MasAgro Guanajuato contribuye a este objetivo y ha permitido obtener producciones récord en la zona. 

Por: Estephany Itzel Flores Franco y Araceli Donghú ÁngelesFormadora MasAgro Guanajuato
5 de julio de 2021

Ocampo, Gto.- En el 43% de la superficie de Guanajuato presenta un clima de seco a semiseco, con un régimen de lluvias que oscilan un promedio anual de 433 milímetros —la precipitación media anual del país es de 777 milímetros—. Ubicada en el norte del estado, este territorio se compone de planicies y lomeríos, características que, sumadas a prácticas de cultivo no sustentables, han favorecido la degradación de los suelos agrícolas. 

Si bien tanto la ganadería como la agricultura son muy importantes para la economía del estado, al desarrollarse en el mismo espacio con prácticas usualmente inadecuadas han tenido efectos sumamente dañinos para la de por sí, reducida fertilidad de los suelos.

A través de MasAgro Guanajuato —programa de la Secretaría de Desarrollo Agroalimentario y Rural (SDAyR) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT)— se han validado tecnologías sustentables que les ayudan a los productores de la zona a contrarrestar las principales limitaciones productivas que se tienen en el lugar y, particularmente, para recuperar la fertilidad del suelo y cosechar agua.

Entre las prácticas y tecnologías promovidas están la definición y trazado de curvas a nivel —líneas perpendiculares a la pendiente— y la construcción de terrazas que permiten, por ejemplo, la formación de barreras que reducen la posibilidad de deslaves del suelo. Esto, además de evitar la erosión, facilita que los cultivos se desarrollen de manera homogénea en la parcela.

La rotura vertical, otra de las prácticas fomentadas, permite sustituir la dañina práctica del barbecho a la vez que permite que el agua de lluvia se infiltre —acción que en esta zona semidesértica se vuelve completamente estratégica—. Con el agua de la lluvia cosechada, los cultivos pueden tener mejores condiciones para su desarrollo y una mejor respuesta ante la presencia de plagas y enfermedades características de las zonas semidesérticas.

Aunado a las prácticas ya descritas, las innovaciones implementadas incluyen prácticas de fertilidad integral con base en los resultados de análisis de suelo, en donde se definen las fuentes y cantidades adecuadas en función de las necesidades del suelo y del cultivo a establecer.

Ya que muchos productores primero desean “ver si funciona”, las prácticas y tecnologías primero son validadas en plataformas de investigación, luego trasladadas a módulos comparativos —en donde la mitad de la parcela se cultiva de forma convencional y la otra mitad se trabaja con innovaciones MasAgro— y, finalmente, a las áreas de extensión, que son parcelas de productores que ya conocieron las innovaciones y sus resultados y desean probarlas en sus parcelas. Estos productores son llamados cooperantes y son fundamentales para que las innovaciones MasAgro tengan mayor difusión.

La participación de los gobiernos y las asociaciones agropecuarias también ha sido muy importante. El Ayuntamiento de Ocampo, por ejemplo, ha sido determinante para la consecución de acciones y actualmente su alcaldesa apoya a productores con las semillas ya probadas en plataforma o módulos. También destaca la vinculación con el Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Guanajuato (CESAVEG), así como con otras asociaciones y con proveedores de insumos agrícolas. 

La suma de esfuerzos ha permitido impulsar la Agricultura de Conservación en la región y, en medio de las condiciones adversas del semidesierto guanajuatense, se han tenido importantes logros. Por ejemplo, cuando la producción normal de frijol en la zona es de 800 kilogramos por hectárea, con las innovaciones de MasAgro se ha logrado producciones récord de hasta 2.5 toneladas por hectárea. Esto muestra no solo la pertinencia del programa, sino la importancia de su permanencia y de su continua suma de esfuerzos de todos los sectores. 

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