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De la crisis a la oportunidad

La pandemia por COVID-19 ha ocasionado el cierre de mercados locales y regionales, pero ha abierto nuevas posibilidades para los agricultores que han diversificado sus cultivos con leguminosas.

Por: Carlos Barragán García
28 de septiembre de 2020

Oaxaca.- En el documento El sector ambiental frente a la pandemia de COVID-19 publicado recientemente por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) se puntualiza, entre otros aspectos, lo siguiente:

  • La gestión adecuada y sustentable de la naturaleza está íntimamente ligada con la salud humana y animal.
  • Al igual que el COVID-19, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el colapso financiero no respetan fronteras. Tales problemas solo pueden gestionarse a través de la acción colectiva.
  • Nadie esperaba los altos costos humanos, sociales y económicos que está causando la pandemia. ¿Cómo podemos estar mejor preparados para evitar llegar a una emergencia climática?

La crisis ocasionada por COVID-19 propició la revalorización de las relaciones humanas con la naturaleza, incluyendo la agricultura. De acuerdo con el Inventario Nacional Forestal y de Suelos de la Semarnat, cerca del 45.2% de la superficie del país presenta algún tipo de degradación inducida por la acción humana. Para el caso de Oaxaca alrededor del 75% de los suelos presenta limitaciones físicas o químicas que pueden incidir en la nutrición vegetal. Es decir que solo un cuarto de los suelos de Oaxaca son física y químicamente aptos para el desarrollo de la agricultura.

La fertilidad del suelo es considerada un factor asociado al desarrollo vegetal y es definida como el potencial que tiene un suelo para suplir los elementos nutritivos en las formas, cantidades y proporciones requeridas para lograr un buen crecimiento y rendimiento de las plantas (Casanova, 2005). Además, es determinada por las características físicas, químicas y biológicas del suelo.

Además, las características del suelo interactúan de manera armónica con otros factores para determinar la disponibilidad de nutrientes en el suelo. Así, por ejemplo, un suelo puede estar provisto de suficientes elementos minerales, pero no está provisto de buenas condiciones físicas que permitan un fácil movimiento de nutrientes o en su defecto no posee la fauna microbiana que ayude a la estabilidad de los agregados.

Hay amplia evidencia científica que muestra cómo la asociación de gramíneas con leguminosas puede incrementar la producción de la gramínea (en comparación con monocultivos de gramínea a los que no se les suministra nitrógeno), mejorar la cubierta del suelo y elevar la productividad total del cultivo significativamente, permitiendo en potencia una mayor restitución de materia orgánica al suelo.

En virtud de esta evidencia y como parte del proyecto ‘Fortalecimiento del Acceso a Mercado para Pequeños Productores de Maíz y Leguminosas en Oaxaca, Chiapas y Campeche’ que impulsan el Centro Internacional de Mejoramiento de Máiz y Trigo (CIMMYT) y Walmart Foundation, desde el año 2016 Agricultura Familiar y Agronegocios AC, colaborador del CIMMYT en Oaxaca, promueve la diversificación de cultivos para disminuir la erosión del suelo, mejorar su fertilidad y propiciar que el productor obtenga dos o tres cosechas con el mismo temporal de lluvias, favoreciendo así su alimentación y sus ingresos.

Cabe mencionar que en un principio solo se empleaban leguminosas para abono verde (es decir, solo con la finalidad de mejorar el suelo) y posteriormente se emplearon leguminosas de interés alimenticio y económico para el productor (como frijoles, habas y alverja). Eventualmente se ha ido trabajando para optimizar diversos aspectos de la asociación con leguminosas (como evitar retirar la materia orgánica durante la cosecha).

Ante la crisis de disponibilidad de alimentos frescos ocasionada por el COVID-19, así como el cierre de los mercados locales y regionales, este año se han asociado cultivos con ejotes o chícharos, que al cosecharse en verde permite que el resto de la planta quede en la parcela para mejorar los niveles de materia orgánica del suelo y, por tanto, el rendimiento del cultivo principal.

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