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La importancia de una densidad de siembra óptima

Los elevados costos de producción de maíz en el Bajío hacen necesaria la búsqueda de opciones para mejorar la rentabilidad del cultivo. La Agricultura de Conservación y densidades de siembra óptimas contribuyen a este objetivo. 

Por: Hub BajíoCIMMYT
19 de julio de 2021

Villagrán, Gto.- El elevado costo de producción de maíz en el Bajío —por el uso excesivo de insumos agrícolas y los altos costos que esto implica— sigue siendo un factor que limita la rentabilidad del cultivo. Por esta razón se está en una constante búsqueda de la mayor relación beneficio-costo a partir de una población de plantas más adecuada. 

Los agricultores de la región buscan altos rendimientos de grano y emplean hasta dos bultos de semilla por hectárea para establecer una población de al menos 110 mil plantas por hectárea; sin embargo, la alta competencia entre las plantas implica una mayor demanda de fertilizantes y otros insumos, lo que encarece significativamente el costo de producción. 

En este contexto, el ahorro que proporcionan las prácticas de Agricultura de Conservación —por las mínimas labores de labranza— puede complementarse con el uso racional de los insumos agrícolas, lo que implicaría un mayor margen de ganancia para los agricultores. 

Para contribuir a este objetivo, en la plataforma de investigación Villagrán —donde colaboran el Parque Agrotecnológico Xonotli, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), el despacho Consultores y Asesores para la Sustentabilidad Agrícola (CyASA) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT)— se realizó un ensayo para evaluar el efecto de cuatro densidades de siembra de maíz blanco bajo el sistema de Agricultura de Conservación, manteniendo todos los residuos de cosecha anterior en la superficie del suelo.

La densidad de siembra es una de las decisiones más complejas para loa agricultores porque implica además calcular la cantidad de semilla que se va a comprar. Por esta razón, es necesario identificar la densidad óptima —cuando la cantidad de plantas permite su pleno desarrollo  y, consecuentemente, un alto rendimiento—. Para el caso específico que aquí se describe, las cuatro densidades de siembra que se manejaron fueron: 87 mil , 100 mil, 112 mil, y 125 mil plantas por hectárea (plantas/ha), en camas permanentes anchas y en surcos separados a 1.6 m. 

El número de plantas a cosecha fue de 8.1, 8.4, 8.9 y 9.5 plantas por metro cuadrado, respectivamente, y se observaron diferencias por efecto de la densidad de población: el tratamiento con 87 mil plantas/ha, con la menor población, tuvo 14% menos plantas con respecto al tratamiento de 125 mil plantas/ha, con la mayor población; sin embargo, en lo que respecta al número de mazorcas no se observaron diferencias significativas y la mayor cantidad de mazorca se obtuvo en el tratamiento con densidad de 112 mil plantas/ha.

La mayor producción de biomasa se obtuvo en el tratamiento con siembra de 100 mil plantas/ha. En cuanto al rendimiento de grano, la mayor producción también se obtuvo con ese tratamiento. Por estos resultados y otros análisis particulares, la producción de grano con una densidad de población de 100 mil plantas por hectárea, aunado a la implementación de prácticas de Agricultura de Conservación, fue la mejor opción para potencializar la productividad.

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