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Los rastrojos de trigo y los biocombustibles

Un estudio del INIFAP y el CIMMYT muestra el efecto del ambiente de producción y la variedad de trigo sobre el contenido lignocelulósico del rastrojo de trigo, a partir del cual es posible elaborar biocombustible. 

Por: Ernesto Solís Moya
20 de septiembre de 2021

Guanajuato.- En las plantas hay compuestos de interés industrial como la celulosa y la hemicelulosa, las cuales se consideran las principales fuentes de azúcares fermentables para la producción de biocombustibles de segunda generación —es decir, aquellos que se elaboran principalmente a partir de residuos agrícolas—, especialmente el etanol. 

Ya que el uso de celulosa puede reducir el costo de la producción de alcohol y la composición de los residuos agrícolas es hasta 50% celulosa, entonces es comprensible por qué estos (los residuos agrícolas) son atractivos para la obtención de ese biopolímero y sus derivados como el papel, la glucosa y el etanol, entre otros.

Para contribuir en la investigación sobre materiales y energías sustentables, especialistas del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), estudiaron la variación en materiales lignocelulósicos —celulosa, hemicelulosa y lignina— del rastrojo de cinco variedades de trigo para determinar si el ambiente afecta su composición.

El estudio, realizado entre 2017 y 2018, contempló trigo de las variedades Elia M2016, Ibis M2016, Cisne F2016, Faisán S2016 y Alondra F2014, cultivado en nueve localidades de Pénjamo, Valle de Santiago, Salamanca, Villagrán e Irapuato. Las determinaciones de los componentes lignocelulósicos —porcentajes de celulosa, hemicelulosa y lignina— del rastrojo de trigo se hicieron a través de diversos análisis de laboratorio y también se determinó el rendimiento y el índice de cosecha de cada variedad de trigo. 

Los análisis no detectaron diferencias significativas entre variedades para ninguno de los componentes lignocelulósicos del rastrojo de trigo ni para producción de residuos, lo que indica que cualquier variedad es adecuada para ser utilizada como biocombustible de segunda generación. 

En cambio, entre repeticiones (localidades) sí se detectaron diferencias significativas en la producción de residuos. Dado que la producción de residuos está altamente correlacionada con el rendimiento de grano, las localidades con mejor manejo agronómico son las que obtuvieron mayores de producciones de grano y residuos. En otras palabras, la mayor o menor producción de residuos depende del manejo agronómico del productor. Así, ambientes favorables —como los sistemas que integran prácticas sustentables— tendrán mayores posibilidades de obtener rendimientos de grano que su vez estarán asociados con altas producciones de residuos.

Por su mayor contenido de celulosa en sus residuos, el trigo y la avena se consideran buenas opciones para su utilización como combustibles de segunda generación. Por supuesto, la generación de estos combustibles debe considerar también esquemas de producción sustentable que permitan mantener suelos cubiertos con residuos agrícolas —para favorecer la calidad y la fertilidad de los suelos agrícolas— a la vez que excedentes para su transformación en combustibles de bajo impacto ambiental. 

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