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Regenerar el suelo, clave para los desafíos presentes y futuros

En medio de un contexto de variabilidad climática, regenerar las tierras de uso agropecuario es de particular interés para reducir la presión sobre el medioambiente. 

Por: Fernando MoralesDivulgación-CIMMYT
23 de agosto de 2021

Cuquío, Jal.- De acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), si las sociedades continúan con sus formas actuales de producir y consumir, hacia 2030 la seguridad alimentaria mundial y la habitabilidad misma del planeta estarán en un punto crítico. Por esta razón, el 2021 es un año clave para la acción climática, pues marca el inicio del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas —incluyendo las tierras de cultivo—. 

La agricultura juega un papel fundamental en el camino de la humanidad de cara hacia 2030, no solo porque es necesario asegurarle la disponibilidad de alimentos a una población creciente con cada vez menos recursos disponibles, sino porque regenerar las tierras de uso agropecuario es de particular interés para reducir la presión sobre el medioambiente: el sector primario —agricultura, ganadería y otros usos de la tierra— es responsable del 23% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero que favorecen el cambio climático y, además, la agricultura ocupa el 70% del agua extraída a nivel global —en México esta cifra es de 76%—.

Los efectos del cambio climático son cada vez más perceptibles —sequías más prolongadas y severas, lluvias torrenciales o fuera de ciclo, heladas inusuales, huracanes de mayor magnitud, etcétera— y elevan el riesgo de inseguridad alimentaria, de manera que acentúan lo urgente que es transitar hacia una agricultura más sustentable, hacia una Agricultura Regenerativa. Esto implica prevenir, detener y revertir la degradación de los recursos naturales en los procesos de producción agrícola. 

Considerando que, de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, para 2030 será necesario duplicar la productividad agrícola—, la pregunta es si en medio de un contexto de variabilidad climática que afecta a los agricultores es posible aumentar los rendimientos de granos básicos, como el maíz y el trigo, y al mismo tiempo regenerar los suelos y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la producción de estos cereales.  

Tuvimos que buscar alternativas porque la tierra se estaba yendo con las tormentas. Si te cae una tormenta de dos pulgadas y tu suelo no está cubierto, el agua se lleva la mayor parte del suelo. Y en cuatro o cinco días de que no llueve ya está seco. Pero si tú le dejas la paja (rastrojo) sobre el suelo eso se evita y si cae una tormenta lo puedes contar como un riego casi de cintilla —manguera que cuenta con goteros a una determinada distancia, lo cual permite hacer un riego más eficiente—, hacemos más eficiente el uso del agua. Aquí es temporal, pero el agua que te llueve, te dura más. Lo notas en el cultivo porque no le falta agua y no se te va la tierra fértil, que es lo más importante”, comenta Daniel Sánchez Mora, productor de Cuquío, Jalisco, quien participa en el proyecto Abastecimiento Responsable, competitivo y sustentable de ingredientes de calidad que impulsan Grupo Bimbo y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT).

Daniel, desde la práctica agrícola, describe cómo muchos de los procesos de la agricultura convencional —basada en el movimiento continuo del suelo y en la remoción de los residuos agrícolas—contribuyen a la disminución de la fertilidad del suelo: “Si tú quemas el rastrojo estás tirando ese nutriente al aire, se hace nada, es más, lo conviertes en contaminación. Si tú dejas tu rastrojo ahí, incrementas la materia orgánica. Eso es lo que hemos visto en estos ocho años que tenemos sembrando así. Y también hemos notado que cada año va, se puede decir, superando el rendimiento. Claro que cada año es diferente, pero en el manejo que hacemos sí vamos en aumento. Se puede ver un rendimiento de 10 toneladas subir a 12, de 12 a 14, de 14 a 16, más o menos”.  

La Agricultura Regenerativa busca crear sistemas agropecuarios resilientes, pone particular énfasis en el cuidado de los suelos y por tanto incorpora prácticas agrícolas y ganaderas que buscan revertir el cambio climático a través de la restauración de la materia orgánica y la biodiversidad del suelo —teniendo como resultado una baja de carbono atmosférico y mejorando el ciclo de agua—, como la Agricultura de Conservación, eje de la Agricultura Regenerativa que promueve el Grupo Bimbo a través de proyectos que cuentan con el soporte científico CIMMYT.

La Agricultura de Conservación es un sistema de producción sustentable que se adapta a los más diversos contextos y necesidades —y al que se le pueden sumar otras prácticas sustentables o sistemas integrados para hacerlo adecuado para cada productor—. Sus componentes básicos son la mínima labranza, la cobertura del suelo con rastrojos y la diversificación de cultivos —a través de rotaciones, asociaciones, relevos, etc.—: “la rotación de cultivos es una clave. Si uno no rota, no se podrían tener buenos resultados. La rotación es una de las formas que te permite incrementar tus cosechas”, refiere Daniel, quien además de maíz cultiva chía y soya. 

Entre los beneficios de este sistema de producción sustentable destaca que incrementa la infiltración de agua, disminuye la evaporación, reduce el escurrimiento y la erosión, mejora la estructura del suelo y fomenta una mayor actividad biológica en él, aumenta el nivel del control biológico de malezas, plagas y enfermedades, reduce costos de producción y reduce la emisión de gases de efecto invernadero —por la reducción en el uso de combustible y el aumento paulatino en la materia orgánica del suelo—: “con esto sí hay una diferencia muy grande: 40% menos de consumo de combustible. Tractores que tienen siete años tan solo tienen 1,200 horas de uso, cuando para estas fechas deberían tener cinco mil horas”, señala Daniel.

Como Daniel Sánchez, otros productores de Jalisco, Sinaloa y Sonora están implementando una Agricultura Regenerativa que, además de los beneficios ambientales descritos, les está permitiendo ser más competitivos y tener una mayor rentabilidad. Esta es una contribución a una década decisiva ante los desafíos ambientales y de seguridad alimentaria que tiene delante de sí el país y la humanidad entera. 

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