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Leguminosas: buenas para el consumidor, el productor y el suelo

Una alimentación saludable es importante para prevenir y combatir enfermedades, así como para recuperarse de ellas. La diversificación de cultivos permite producir una alimentación sana, nutritiva y variada.

Por: Carlos Barragán García
14 de septiembre de 2020

Magdalena Apasco, Oax.- Aunque ningún alimento ni suplemento dietético puede prevenir ni curar el COVID-19, una alimentación saludable es importante para el buen funcionamiento del sistema inmunitario. La nutrición adecuada también puede reducir la probabilidad de aparición de otros problemas de salud como la obesidad, las enfermedades del corazón, la diabetes y algunos tipos de cáncer (OMS, 2020).

Las legumbres se consumen en todo el planeta, empleándose en guisos, harinas, purés, guarniciones, aperitivos o postres. Son una fuente rica de aminoácidos esenciales y proteínas (compuestos que ayudan al cuerpo a crecer, reparar tejidos y otras funciones), de manera que complementan el consumo de cereales. Además, aportan una cantidad importante de carbohidratos (principal fuente de energía) y micronutrientes (vitaminas y minerales), así como fibra de calidad. Su bajo contenido en grasas y sus esteroles (compuesto con funciones similares al colesterol “bueno”) ayudan a mantener niveles bajos de colesterol “malo” y reducir la presión arterial.

Se trata de productos que han acompañado al ser humano en su desarrollo agropecuario desde la prehistoria y se cuentan entre las primeras plantas domesticadas del planeta. La familia Fabaceae, a la que pertenecen biológicamente, suma más de 20 mil especies y supera los 700 géneros (categoría biológica que agrupa varias especies), de los cuales solo una parte es considerada dentro del grupo alimentario de las legumbres (FAO,2016).

La inclusión de leguminosas en sistemas de cultivos múltiples (como el cultivo intercalado o la simple rotación de cultivos) es importante para el manejo sostenible de los nutrientes del suelo, para mejorar la estructura de este y, en conjunto, es un paso importante hacia la implementación de prácticas agrícolas más sustentables. Esto es de vital importancia considerando la necesidad de intensificar la producción de alimentos mientras se hace un mejor uso de los recursos naturales y se fortalece la adaptación y combate al cambio climático (FAO,2016).

En 2018, 44.5% de los hogares en México se identificaron con seguridad alimentaria (cuando las personas tienen acceso permanente a alimentos nutritivos y suficientes). En contraparte, 22.6% presenta inseguridad alimentaria moderada y severa, el 32.9% restante inseguridad leve (ENSANUT, 2018). No obstante, en México 7 de cada 10 adultos tiene problemas de sobrepeso u obesidad, los datos generados a partir de la encuesta nacional de salud y nutrición 2018 indican un bajo consumo de leguminosas.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados (SNIIM) el precio de mercado del ejote en la central de abastos de Oaxaca oscila entre los $8.00 y $11.50 por kg, y desde el 2002 es traído desde Puebla. Debido al COVID-19, por primera vez desde su apertura hace más de 40 años, la central de abastos de Oaxaca (considerada la zona comercial mas grande de estado) cerró sus instalaciones al ser catalogada como zona de alto riesgo de contagio.

El cierre de la central provocó desabasto de alimentos frescos en la entidad, pero al mismo tiempo dio la oportunidad para que productores locales pudieran ofertar sus productos, tal es el caso de productores de la localidad de Magdalena Apasco, Oaxaca, que diversifican cultivos (para mejorar la fertilidad del suelo y mejorar sus ingresos) con el acompañamiento técnico del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) en el marco del proyecto ‘Fortalecimiento del Acceso a Mercado para Pequeños Productores de Maíz y Leguminosas en Oaxaca, Chiapas y Campeche’ que impulsan este organismo internacional y Walmart Foundation.

Desde el mes de junio fue posible ofertar en el marcado local y regional verdura como ejote y chícharo (cultivos asociados con maíz o nopal) a un precio de $15.00 por kg, lo cual no solo fue bueno para el consumidor, sino también para la economía del productor, su familia, y la salud del suelo.

 

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